SENTIR DEL MUSEO
Eterno en el retorno cíclico de los fenómenos, el inmutable ritmo del suceder natural; día y noche, el sol que se oculta y el sol que nace, la época de agua y la de secas. Descubrir cuáles son los ritmos y seguir, sus vibraciones complicadas y uniformes, parece ser nuestra tarea.
Qué tenemos a la calle?
En el recorrido que hacemos por la calle nos aparece desde una buena distancia, dos columnas contrastadas por la zona de penumbra de la techumbre.Dos columnas que nos hacen presente la dualidad como principio de la creación. Dos brazos, dos piernas, dos soportes, dos fuerzas en equilibrio que mantienen la vida. El día y la noche, blanco y negro, alto y bajo, en una ondulación permanente que nos recuerda que todo lo que sube... baja, que todo lo que nace... muere y que justamente el aceptarlo nos mantiene en equilibrio.
Esta serpiente ondulada recuerda las representaciones de nuestros antepasados en su culto a Quetzalcóatl.
Ese misterio oculto en la naturaleza y que los hombres nos esforzamos por conocer. Así hemos creado a través de generaciones y culturas, admiración a la vida, formamos pues instituciones que guardan y resguardan el conocimiento escrito y en manifestaciones artísticas que son en sí mismas, el espíritu de un pueblo.
Entonces ¿cuál debe ser la expresión de estos edificios que representan la cultura de un lugar, en este caso Huajuapan y la región Mixteca?
Los vicios del consumo, del comercio, nos han arrastrado a ver con mejores ojos lo que viene de fuera y no nos percatamos de la maravilla de nuestra cultura y de nuestra región.
¿Por qué piedras del río?
¿Por qué barro de la región?
¿Por qué fibra vegetal (carrizo)?
Las piedras rollizas del río fueron pulidas por el agua con el roce de las demás piedras y arenas, con ese vaivén de las curvas del arroyo, con esas caricias del calor del sol y de la luz de la luna. ¿Acaso no podemos ser representados los hombres, con esas piedras en el río de la vida?. ¿Acaso no los escritores de los libros que guardan y las obras que exponen fueron o son vidas pulidas por los triunfos y pesares de la vida?
La analogía de la vida humana con la de la naturaleza se ha expresado desde tiempos bíblicos y en todas las culturas, orientales y antiguas, sencillamente porque somos hijos de ella, ¿por qué no usarla entonces?
¿Acaso no hay una necesidad urgente de hacernos primarios, de reconciliarnos con nuestra madre la tierra? ...el conocimiento y la tecnología más sofisticados, es apenas “nada” comparado con la maravilla de la naturaleza que lleva millones de años en su proceso.
Un solo cerebro humano tiene más interconexiones eléctricas en sus neuronas en un día, que todas las telefónicas del mundo juntas.
Hay un espíritu nuevo en el mundo, ustedes vean a su alrededor y sobre todo con los países “desarrollados”, buscan ahora: medicina alternativa, curaciones naturistas, agricultura tradicional, energía solar, etc... así con la arquitectura, y qué mejor que en los edificios públicos, donde nuestros hijos van a aprender, es decir, a tomar como suyo el conocimiento universal, nacional y local.
Los niños y jóvenes en pleno desarrollo tienen presente así, en estos espacios, los materiales de su región; la tierra misma en su más pura expresión y que los vio nacer. Tierra o mineral milenario que desde el principio de los tiempos creó vida unicelular con la lluvia de energía.
Se ha perdido mucho de nuestra identidad por la llegada de culturas más fuertes (no mejores) y nos acosan con sus productos... sensuales y prácticos.
El edificio nos habla de tradición, de formas usadas por nuestros antepasados, por su efectividad en este clima, nos habla también de bondades de materiales actuales, es decir, de conocimiento universal.
El edificio en sí mismo guarda esencia de nuestras culturas antecedentes y de ellas aprendimos que en un patio se tiene el cosmos entero, al aire, al sol, las estrellas, al agua, las nubes.
La expresión a la calle, es sencilla, modesta y con cierto misterio al no verse más que la puerta y dos pequeñas ventanas. Amable por su aparente y despreocupada colocación de viejos trozos de teja, sin riguroso ritmo, pero con suelta armonía en un sube y baja sin traza; contrastando con la disposición uniforme de las piedras que recogí en los diferentes ríos de la mixteca, como símbolo de cada poblador de la región, que aparentando no decir nada... cada una de ellas es única, como cada hombre sobre nuestra región y que juntos hacemos cultura.
Hay también en esa fachada un enjarre con el barro rojo, amarillo y rosa de las tres mixtecas.
El primer patio es un preámbulo de acceso, en donde te recibe la tierra misma de Huajuapan, el carrizo de su río, en donde alguna vez encontraron huellas plasmadas y de donde nació su nombre. Este primer espacio sirve de encuentro, de enlace, de unión, entre las dos instituciones y sus visitantes al poder comprar algún recuerdo en la tienda de artesanías o tomarse un café y leer alguna revista en la cafetería.
Ya preparado, ya filtrado, pasas al segundo patio, donde también te acompaña el muro rojo de barro de esta tierra que vio nacer a cada uno de nosotros y a cada uno de los artistas de la cultura del Cerro de las Minas, hombres, mujeres y niños que dejaron sus huellas a la orilla del río, así como nosotros dejamos las nuestras en la parte inferior de la losa, recordando que somos comunes a ellos a pesar de los dos mil años que nos separan, no dejamos de depender de esa agua, de esta tierra bondadosa y noble que nos estimula para crear y generar cultura... es decir, huellas a la orilla de ese río que significa la vida, el devenir y el suceder de esa búsqueda de la verdad, búsqueda que va dejando huella, queramos o no, y como huella de niño entra al primer salón del Museo, indicando el trayecto,... sale más grande, más cultivado, tomando y gozando de la experiencia de los antepasados...
El piso de los corredores, las tejas, las piedras del patio, cada una de ellas es única, cada pieza es particular, cada teja fue acariciada por las manos del artesano, así como las piezas del piso, tienen variantes, según el estado del día, el clima o el ánimo del albañil o peón que lo fabricó. Manifestada ahí en esas arrugas, posibilidades infinitas de textura, energía constante y cambiante, como el cosmos en eterno movimiento.
El edificio manifiesta deliberadamente la mano del artesano, que es lo mejor que tenemos... no somos industriales, somos humanos y somos lo mejor que tiene esta región, humanismo, valores que todavía guardamos y manifestamos en estos espacios.
Juan José Santibañez
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