BIBLIOTECA
     

LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE LA MIXTECA Y LA CULTURA MIXTECA

 

Acatlima es el lugar donde la Universidad Tecnológica de la Mixteca encontró su lugar de asiento: un desierto pedregoso que con esmero y dedicación se ha convertido en un bosque húmedo y semejante a los miradores cívico-ceremoniales del pasado Ñuiñe. Un lugar de belleza en lo alto de un cerro, la comunión con los cielos de nubes inspiradoras;en el verano truenos y relámpagos con arco iris doble que como presagio de la dicha aparecen en el horizonte: escenarios en constante cambio.

Las ánimas de los antepasados están presentes con los recientes descubrimientos de entierros en el área, así el universo visible entra en comunión en este sitio. Este entorno es el que rodea las magníficas edificaciones que al interior en sus paredes penden obras de arte, las que emiten acordes en sintonía alespíritu de quienes circulan por esos espacios.

Siendo una universidad pobre en recursos materiales, cuenta con más de medio centenar de obras de arte, las que en su mayoría han ido creciendo en valor porque los generosos donadores - los propios autores - han ido madurando con el tiempo obteniendo la maestría en su arte y el reconocimiento. Podemos decir que se trata de un acervo modesto por la cantidad, pero importante por la calidad de las piezas. Estas reflejan orgullosamente los orígenes populares de esta institución educativa de excelencia. Pero en convergencia con el suceso plástico en estilos personales los críticos tratan de encasillarlas con términos como: näif, primitivismo, realismo mágico, figurativos, fundamentalismo fantástico, real maravilloso y otros.

Es cierto, no podemos hablar de una escuela de la pintura oaxaqueña, pero como algunos críticos coinciden si podemos hablar de un fenómeno, una efervescencia, porque al ver las distintas obras confinadas en este catálogo podemos apreciar que cada autor es diferente y que la coincidencia es que han nacido en este territorio o lo han escogido para vivir.

El tema del árbol es una constante dentro de éste catálogo. Tal parece que los creadores lo siguen evocando: el mural Árbol de los Mixtecos de Sergio Hernández en cerámica de alta temperatura y con rugosidad en la textura (en la fachada de la biblioteca), que más que referirnos a un regionalismo estático, nos transporta a una visión universal del origen de los pueblos con un símbolo, el árbol, dador de vida a los hombres de todos los tiempos; desde aquellos que en el barro policromado y con las técnicas heredadas de los antiguos mixtecos y recreadas en el Árbol de Apoalapor el maestro, en arte popular, Élfego Vásquez; las antiguas en la colección fotográfica de Estanislao Ortiz Escamilla que evoca la amplia variedad de árboles endémicos de la región. Podemos ver en la obra gráfica de Lorena Montes su obra Espíritu del árbol, y en el caso de Alfonso Acosta la representación basada en el códice Vindobonensis sobre el origen en Apoala de los mixtecos; también los vitrales realizados por el diseñador Fernando Iturbide que lleva como título Árbol de la vida donde el maíz es una planta de valor esencial.

La sensibilidad artística, la orientación hacia la naturaleza, las fuerzas del universo que soportan, sostienen y enriquecen la vida. La belleza a través de mitos y leyendas, pero sobre todo, una visión de este presente de realidades contundentes son algunos de los aspectos que revelan cada trabajo de los artistas, desde los recién iniciados o quienes tienen una trayectoria consolidada. El maestro Juan Alcázar es quien ha entregado a la universidad no solamente más obra gráfica, sino ha sido el gestor del mural homenaje a Rufino Tamayo en el Centro de Posgrado, y permanentemente está comprometido con el proyecto educativo impulsado por el Dr. Modesto Seara Vázquez, en cuanto promover la gráfica en las unidades regionales que conforman el sistema estatal de universidades en Oaxaca.

Los pintores reunidos comparten muchas las herencias primigenias diferentes y particulares de las culturas Mesoamericanas; las aportaciones de sus hermanos mayores como son Tamayo, el que devuelve la magia al color; Francisco Gutiérrez, piedra angular en el devenir; la fuerza creativa y lo intempestivo del lenguaje de Rodolfo Nieto; las figuraciones de Morales; la destreza en la composición de Toledo y luego los herederos de este portentoso caudal con sus propios retos: Sergio Hernández, Rubén Leyva, y los Santiago (Filemón, Alejandro y Álvaro) y del maestro Juan Alcázar en el grabado por mencionar algunos oaxaqueños.

Otros artistas atraídos por el ambiente febril de creación, y aquello que hace la vida llevadera: los dichos, la música, la gastronomía, las tradiciones, los sueños, el mito… en una palabra, el horizonte cultural y el interés de cada pintora o pintor por mostrar las formas estéticas como contendores del espíritu humano. Es verdad que en la narrativa está presente la mitología, el cuento, la tradición oral la que algunos han criticado porque no arriesga explorar el acontecer social del presente. Ha dicho Juan Alcázar que “en la medida en que nosotros, seamos capaces de reconocernos a nosotros mismos, vamos a poder impactar en donde sea que nos presentemos, porque si algo debemos de tener, es una base histórica”.

La obra que reúne este modesto catálogo está presente la identidad pero como algo dinámico que debe seguir explorándose: el arte como un reflejo luminoso de temperamentos que buscan reconciliar y fundir una sola cosa expresiva, con elementos intangibles y las vivencias: un árbol singular como la metamorfosis en la transformación de la naturaleza, proveniente de sus raíces que se vivifican en la roca.

Lo que cobija – de esto sí estoy seguro - a cada pintor nacido en esta tierra, o aquellos que la han adoptado, es la luz que revela una atmósfera propiciatoria, magnética, mágica, espiritual…

José Palacios y Román, Huajuapán de León, noviembre 2005